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Tras más de 50 años en el mercado de Legazpi Luis Rodríguez Feloaga deja su puesto de encurtidos

13/03/2026
Tras más de 50 años en el mercado de Legazpi Luis Rodríguez Feloaga deja su puesto de encurtidos

El comerciante ordiziarra Luis Rodríguez Feloaga, ha dedicado más de 50 años de su vida al Mercado de Legazpi, donde ha estado al frente de su puesto de encurtidos. Sus inicios se remontan a cuando comenzó ayudando a sus padres, que ya vendían aceitunas en el mercado, y tras finalizar la educación básica decidió continuar con el negocio familiar. A lo largo de estas décadas ha atendido a varias generaciones de vecinos y vecinas, llegando incluso a conocer hasta tres generaciones de una misma familia. 

Para él, la clave de tantos años de trabajo ha sido ofrecer siempre un buen producto y mantener un trato cercano y respetuoso con la clientela. Además, destaca la evolución positiva del mercado, que con el tiempo ha mejorado sus instalaciones y sigue siendo un importante motor económico y un punto de encuentro para la vida social de Legazpi.

Después de más de 50 años en el Mercado de Legazpi, ¿cómo recuerda sus primeros días al frente del puesto de encurtidos?
Hay que resaltar primero, que empecé en este trabajo ayudando a mis padres, que ya estaban en el mercado vendiendo aceitunas.

¿Qué le motivó a dedicarse a este oficio y qué le ha hecho mantenerse durante tantas décadas en el mercado?
Después de hacer la educación básica decidí seguir con el trabajo en el mercado.

Durante todos estos años ha atendido a varias generaciones de vecinos y vecinas. ¿Qué ha significado para usted el contacto diario con la gente de Legazpi?
El contacto con la gente de Legazpi ha sido muy bueno y en especial con los clientes que han tenido la amabilidad de comprar en mi puesto.

¿Cómo ha cambiado el Mercado de Legazpi y el comercio local desde que empezó hasta hoy?
El mercado ha ido cambiando para bien, con mejoras en varias facetas, como en mi caso, y otros vendedores, antes estábamos a la intemperie y, ahora, estamos en el pórtico y no pasamos tanto frio en invierno que es muy importante.

Su puesto se ha convertido en todo un referente en el mercado. ¿Cuál cree que ha sido la clave para ganarse la confianza de tantos clientes?
La clave para la venta a mi modo de ver tiene como mínimo dos claves: buen género y un trato correcto al cliente.

Seguro que guarda muchas historias vividas en el mercado. ¿Podría compartir alguna anécdota especial de estos años?
Como anécdota no tengo una especialmente sino que cada día tiene algo diferente. 

Desde su experiencia, ¿qué importancia cree que tiene el mercado municipal para la vida social y comercial de Legazpi?
El mercado para mí es un generador de economía para los pueblos y los comercios, bares, etc. que hay en ellos. Y también, un punto de encuentro para muchos de sus vecinos que es muy importante.

Mirando atrás después de medio siglo de trabajo, ¿qué es lo que más orgullo o satisfacción le produce de su trayectoria?
Como orgullo el haber trabajado de la mejor forma que he podido. Y también que los clientes hayan comprado en mi puesto productos de buena calidad.

Durante mis años de trabajo en el Mercado de Legazpi he tenido la oportunidad de conocer de cerca a muchos vecinos y vecinas del barrio. El mercado no ha sido solo un lugar de trabajo, sino también un punto de encuentro donde, con el paso del tiempo, se crean relaciones de cercanía y confianza con la ciudadanía.

A lo largo de todos estos años he visto pasar por el puesto a familias enteras. He tenido el privilegio de conocer a varias generaciones de una misma familia: primero a los abuelos y abuelas que venían a hacer la compra, después a sus hijos e hijas y, con el paso del tiempo, también a sus nietos y nietas. Incluso en algunos casos he podido llegar a conocer hasta tres generaciones distintas.

Este contacto continuado con tantas personas y familias del barrio es, sin duda, uno de los aspectos más valiosos que me ha dado trabajar en el Mercado de Legazpi. Más allá de la actividad comercial, ha sido una experiencia profundamente humana que me ha permitido formar parte, aunque sea de una manera pequeña, de la vida cotidiana de muchas personas.

Por último, quisiera recordar y agradecer a mis padres las enseñanzas que nos transmitieron sobre el respeto y el valor del trabajo. También guardo con cariño algunos recuerdos de los comienzos de su actividad en el mercado de Legazpi. En alguna ocasión nos contaron que, durante un tiempo, los curas les ayudaron permitiéndoles guardar parte del género en un local de la iglesia. Por aquel entonces traían ese género en tren; eran otros tiempos. Por ello, quiero expresarles también mi más sincero agradecimiento por aquella ayuda.
Y, como no puede ser de otra manera, quisiera extender este agradecimiento a todo el pueblo de Legazpi.

Muchas gracias, Eskerrik asko.